Cuando miramos una foto de un retrato, y más si es de un niño, nuestra mirada se dirigirá automáticamente a los ojos del retratado. Es un acto involuntario, y que marca la forma en que nuestro cerebro va a entender la fotografÃa. En el 99% de los casos, lo que esperamos de un retrato es que represente fielmente a la persona fotografiada.
Por tanto, nuestro cerebro busca una realidad plasmada en la fotografÃa. Y dentro de esa realidad está que los ojos de la persona se representen de una manera clara y nÃtida. Si no es asÃ, la primera impresión que tendremos de la fotografÃa es que está mal hecha. No repararemos si las orejas se ven difusas, o a oscuras, o si la barbilla está clara. Quien marca el retrato es la calidad visual de los ojos.
Es por tanto fundamental que cuando queramos hacer un retrato de una o varias personas, los ojos estén perfectamente enfocados. Si es sólo una persona la que aparecerá, es más sencillo. Pero si hay más personas, hay que procurar que todas estén aproximadamente en el mismo plano respecto a la cámara. Ya que si están adelantadas o retrasadas unas de las otras, pueden aparecer mal enfocados.
Recuerda apuntar a los ojos, que asà la probabilidad de éxito es altÃsima.


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